Juan Carlos Capo

"Una forma de bailar"
Solo de amor

 

Alvaro Buela, crítico literario, cinematográfico y novelista (Alka-Seltzer, novela, 1992), se estrena aquí como guionista y realizador.En el vídeo "Una forma de bailar" trata de un joven de su generación, un ingeniero nacido alrededor de la segunda mitad de los 60, que busca encarar una relación con la ex mujer de su amigo, propósito y relación que le resultarán esquivos, dado que el mismo protagonista no sabe muy bien qué quiere y adónde va.

 

Esteban no sabe bailar; prefiere ver bailar a los demás, actitud que evocan explícitamente unos versos de Charly García con que se abre el relato y más allá, el testimonio romántico de un Gustavo Adolfo Bécquer, que tampoco podía participar del baile del mundo. Esteban también prefiere ver de afuera cómo los otros bailan.

Pero un Bécquer quizás tomado en solfa, porque aquí no hay honduras románticas surcadas de vetas trágicas. Pero sí hay, en cambio, vacilaciones, esperas, y falta de remate del protagonista que al final… baila.

La realización sorprende porque no bombardea al espectador con comentarios editoriales ni generacionales. (Lo último, hasta cierto punto).

La relación con el otro sexo y la actitud prevenida hacia el amor por parte de Esteban surge de los mismos hechos que Buela muestra con un oído afinado para dejar caer con justeza los frecuentados dichos del habla de los jóvenes de hoy: "más bien", "loco", "ni ahí". La actitud prevenida de Esteban es trasmitida adecuadamente por el actor Leonardo Lorenzo, que dota a su ingeniero de una vis desarmante por el humor desgarbado que gasta, consiguiendo dar lo quebradizo del personaje, además de reírse con ternura del mismo, para culminar en un drolático baile final con un impagable juego corporal.

 

El atajo

 

El realizador, en declaraciones recientes, precisó que había pretendido hacer una comedia pop de perfil bajo. La declaración, humilde en sus propósitos, es evidencia de otra cabeza que irrumpe en el escenario de la cultura uruguaya, colmada aún de resabios sentenciosos, propios de una generación que aún comanda los altavoces culturales y sigue infatigable, dando la línea que se proclama cierta.

(Pero justo es reconocer también que esos mayores, no le han bajado la caña a Alvaro Buela y a su ópera prima).

Es que se hace muy difícil no quedar envuelto, a los pocos minutos de transcurrido el vídeo, en su trama de comedia de amor desprovista de frasería poética y política. No se espere encontrar acá apelaciones a la revolución y al paraíso, aguardando a la vuelta de la esquina de la historia. Y quizá por eso es que Una forma de bailar resulta una comedia lanzada a la conquista del público por el flanco del llamado pensamiento débil, –que no light– denostado por algunos con el mote de "posmoderno". Nada hay de intención denigratoria al caracterizar esta obra como "posmoderna"; al contrario.

También se puede suponer que a Buela pudiera quizás haberlo influido el filme francés Un corazón en invierno, (Claude Sautet, 1992) con Daniel Auteuil, haciendo el protagónico de un laudero torturado por el amor de una mujer, a la que no podía acceder, de la que quizás estuviera enamorado, y que dejaba sin embargo que se le fuera de las manos. Ese personaje fue visto como alguien que no podía ponerse en contacto con sus sentimientos. ¡Si con esta magra cosecha de estereotipia pudiera enfocarse la complejidad del espíritu del hombre, menudo favor le estaríamos haciendo a los laberintos del amor, de la verdad y la belleza! El personaje era así enfocado como un ser desafectivizado y frío, caballito de batalla de un sujeto tributario de la psicología más a mano, sitio que toma en el filme de Buela, el personaje de Gaby, la hermana de Esteban, máquina de lanzar etiquetas de lugares comunes, provocando la inmediata reacción cómica de los espectadores con sus dictámenes psicológicos "al toque".

Las mujeres abundan en la trama y las actrices en general no declaman como las protagonistas porteñas de los teleteatros. María Elena Pérez, que procede del teatro (y que encarna aquí a Laura, mujer tan cerca y al final tan lejos de Esteban), se destaca por la fineza con que dota a su vapuleado personaje con sensibles rasgos de bondad desmañada. Ella se cruzará con Esteban , y el vals de la vida los acercará unos momentos, después… todo seguirá casi igual para Esteban y quizás también para ella. Las viñetas de Susana Castro (como madre tarántula) y de Jenny Goldstein (como hermana estudiante de psicología), están justas en su exorbitancia, artilladas ambas con réplicas aceradas que caen como granadas de gas hilarante sobre una platea veinteañera y cómplice.

El atajo que emprende Buela ha sido pues algo distinto. La vía humorística le permite decir más sin decir tanto, sugerir sin explicar, traer a este tiempo, quizás, una muestra de esta modernidad tardía, (Vattimo), en que el trascendentalismo sartreano en el que abrevara, hasta ayer no más, una generación por lo menos, se aventa con este vídeo hacia el poniente del pensamiento.

La generación de espectadores sesentistas, (que también se encuentran entre el público, junto a los jóvenes), marcados por un pensamiento anheloso de trascendencia y tributario de una dialéctica, donde era posible zambullirse como en un pozo sin fondo y bracear en él hasta la fatiga, podrá ser traída de los pelos a la superficie, con este filme. El mismo testimonia de su asunto de educación sentimental con espíritu tierno y burlón. Buela disuelve, con ajo afinado y mano liviana aquella totalidad confinante con la metafísica. De ahí que al optar el realizador por una comedia de amor, lo haya hecho también por una actitud abierta a la indeterminación y las intermitencias del corazón, sin atreverse a decir la última palabra porque… es definitiva, no hay una última palabra.

El resultado lleva a que el espectador no salga menos tocado por su tema por haber optado Buela por un tratamiento que apostó a las sonrisas y al humor.

Al terminar el vídeo con un final abierto, el horizonte de cada espectador permanece más abierto aún que antes, y con menos garantías mágicas que antes (Vattimo, otra vez), lo cual no deja de tener quizás su causa en el efecto de cosquillas de mariposas en el estómago, y de un mordiente en el corazón, que pueda sentir cuando deja la sala.